Un Mundo Mejor en el Valle de Juárez

En mis fines de semana mientras asistía a la escuela de Acupuntura trabajé en Hooper Center, un programa de rehabilitación conectado a la celda de borrachos del Condado de Multnomah. Utilizamos Acupuntura de la oreja para tratar alcohólicos y adictos, muchos de los cuales eran personas sin hogar. Como consejero, escuché una historia tras otra. Drogadictos que se embarcaron en su adicción después de que un médico les recetó Vicodin, OxyContin o Percocet. Después, ellos encontraron un remedio mucho más accesible para mitigar su dolor o su adicción en los vendedores de drogas callejeras—un placer altamente irresistible y una dosis de droga mucho más barata.

Heroína de alquitrán negro, conocido como Chiva en español, es un lodo pegajoso, carbón duro derivado de la cáscara de la flor de la amapola. Después de ser cortado con un popurrí de adulterantes, se cocina en una cuchara, aspirado en una jeringa y se inyecta en la vena. Este grado barato de la heroína, la droga más común en el oeste de Estados Unidos, no viene de los imperios de opio de Asia, sino de México. La principal vía para mover la Chiva y otras drogas ilícitas de América Latina es un tramo rural de 50 millas a lo largo del Río Grande. La ruta se inicia en las afueras de la capital mundial del asesinato—Ciudad Juárez, México.

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Barriales
Beatrice Rodriguez me encuentra en una parada junto a la carretera Interestatal 10 entre El Paso y Fort Hancock, Texas. De ahí conducimos a través del pequeño pueblo de Fabens, entretejiendo por caminos de tierra a través de campos y huertas periféricas, y pasamos a través de la frontera de cruce con el Valle de Juárez de México. Al momento en que cruzamos veo un joven soldado con vestiduras camuflageadas, armado, estacionado detrás de un refugio militar a un lado de la carretera, y una calle llena de tiendas abandonadas. Sólo hay una muestra de señales de vida y esta obviamente abierta: Del Rio, una cadena de tiendas de esquina. Beatrice me asegura que no hay de que preocuparse.

Conducimos hasta el Valle a lo largo de la carretera de terracería pasando ranchos incendiados y abandonados a lo largo del borde de la carretera. Cañas de color negro-quemado colorean las acequias al entrar en el pueblo llamado Barriales, el pueblo de Beatrice. Al cruzar la calle de la casa de Beatrice se encuentra un parque, una típica plaza de la ciudad de México con bancas, arbustos y árboles. En el Quiosco de la plaza, flechas de cada punto cardinal conduciendo a un solo lugar, por encima del cual se lee "punto de reunión". Caminamos alrededor de la plaza y Beatrice se recuerda acerca de lo que era este pueblo "antes de la violencia." Bailes, Música, Elotes asados a la parrilla. Los vecinos vendiendo tamales y tacos mientras los niños jugaban y la gente se reía. Los adolescentes coqueteando y jugando al gato y el ratón dando vueltas en la plaza.

Beatrice y su marido vivían al otro lado de la calle del centro "Familias Unidas" en este pueblo con raíces profundas de orientación familiar. Criaron a sus hijos aquí. El trabajó en los campos de algodón en el pueblo y ella trabajó un mini-mercado adjunto a su casa. Ella vendió helados y refrescos, pan y tortillas, frijoles y arroz. Su tienda también sirvió como oficina improvisada de correos en el pueblo de Barriales. Ella señala un camino de tierra a un pueblo cercano donde solía comprar pan en la panadería de la familia activista desde hace mucho tiempo en el Valle, los Reyes-Salazar.

Luego las cosas cambiaron. En el año 2006, el presidente de México declaró la guerra a los cárteles. Los policías federales fueron enviados a patrullar y vigilar el Valle. Beatrice vio como casi cada uno de sus vecinos fue muerto o forzados a huir. Parte de la familia Reyes-Salazar fueron asesinados. Otros miembros buscaron asilo en los Estados Unidos. Unos protagonizaron una huelga de hambre frente a la capital de México para crear conciencia sobre la situación en el Valle. Incluso con el aumento de la violencia, Beatrice mantiene su tienda abierta. Se hizo más difícil después de que su marido murió de un ataque al corazón en el año 2010, pero ella se las arregló para mantener las cosas a flote hasta la Cuaresma del año siguiente.

Las tasas de asesinatos y noticias sobre la violencia en Juárez habían disminuido. Fue un Miércoles de Ceniza en el año 2011. Beatrice se estaba preparando para los servicios de la iglesia y el comienzo de la Cuaresma. Ve un camión de eliminación de basura estacionado a las afueras de su tienda. Ella les vendió a los tres hombres del camión de basura refrescos embotellados para acompañar su almuerzo. Los tres hombres se sentaron juntos en los bancos de la plaza, relajándose bajo la sombra de los árboles, llevandose la comida a la boca con las manos sucias. Beatrice volvió a entrar en la tienda y de repente oye unos disparos. Ella corrió hacia la puerta, se aseguró de cerrar la puerta con candado, y se quedó en el interior de la tienda por casi una hora. Un vecino que caminaba por ahí le confirmó lo que ella ya sabía; "Usted sabe que hay 3 cuerpos sin vida en la plaza?”

"Uno Andaba mal", Ella me dice. "Uno andaba en problemas. Todos fueron fusilados”.

Así es como el barrio racionalizó la muerte. Beatrice cerró la tienda.

Valle de Tristeza
Hoy, en nuestro paseo, vemos la plaza llena de maleza. Un perro de la calle vagando olfatea sobre las sobras de la basura. Las calles de los alrededores están vacías. Una cancha de baloncesto, sin uso, queda iluminada toda la noche. Los aros de los canastos han sido robados—sólo quedan los tableros en el poste. El sonido predominante en la cuadra, es el de la unidad de aire refrigerado de una casa construida con tablas y cartón y con un letrero pintado en aerosol que dice "Tacos. Barbacoa " como publicidad de un negocio en casa que lucha por sobrevivir. 

Beatrice y yo entramos a su coche dejando atrás la plaza para mostrarme los pueblos de los alrededores. Tomamos la carretera paralela al Río Grande. Beatrice señala esqueletos de ranchos y fábricas abandonadas. Viejos fantasmas de residentes desaparecidos, expulsados ​​o asesinados. Ella nunca sabrá lo que le pasó a muchos—la mayoría de las personas que huyeron no dejaron ni un rastro. Fueron dispersados ​​y arrastrados como la tierra afectada por la sequía que queda en sus fincas abandonadas. Beatrice habla sobre el éxodo de su gente, y su voz empieza a temblar. Sus ojos se abren y con una mirada seria pero tierna debajo de sus amplios y redondeados anteojos con borde de oro se vuelve hacia mí:

"Ahora no es más el Valle de Juárez. Es el valle de lágrimas y tristeza”.

Esto no es más el Valle de Juárez. Este es el valle de lágrimas y tristeza.

En el año 2010, Ciudad Juárez, la ciudad fronteriza 30 millas al noroeste de su casa- fue testigo de más asesinatos que todo el país devastado por la guerra en Afganistán. En el valle rural que abarca el pueblo de Barriales, sin embargo, las tasas de homicidios eran seis veces más altas: más de 1.200 homicidios por cada 100.000 habitantes. Figuras de un campo de batalla abierto. El desempleo, la violencia, la extorsión y la inseguridad alejaron a la mayoría de los residentes del Valle. Beatrice me dice que el 90% de la población de Barriales ha huido o ha muerto en su ciudad desde el año 2008. Sólo quedan veinticinco personas de las antiguas 200 familias en Barriales. Una población de 60.000 personas se redujo a 5.000 en cuestión de 5 años. Los que se quedaron eran demasiado enfermos o demasiado pobres para abandonar este lugar. 

“Sean Abiertos los Oídos”
Regresamos a la casa de Beatrice en Barriales para reunirnos con su mejor amiga, la Hermana Eugenia, para tomar café y bocadillos. En el año 2006 la Hermana Eugenia trabajó en Portland, Oregón. Luego, las Hermanas de Nuestra Madre Dolorosa le reasignaron a 1.700 millas atrás para servir en el lugar donde creció, aquí en el Valle. Hoy ella y Beatrice operar un banco de alimentos en las iglesias, abastecido por donaciones locales de alimentos enlatados, frijoles y arroz.

Beatrice nos trae café y nos sentamos alrededor del comedor. Ambas insisten en que no tienen miedo de vivir o trabajar aquí. Nuestra conversación se desplaza a las quejas de la Hermana Eugenia sobre la disminución de la congregación de la iglesia, la baja participación en sus clases de catecismo, y lo difícil que es servir a la gente en el Valle. "Las personas que permanecen tienen demasiado miedo de salir de sus casas para pedir ayuda", se lamenta.

Hacemos una breve visita al único miembro de la familia de Beatrice que queda en el Valle—su hermana—a una cuadra de distancia. Ella perdió a un hijo hace 2 años. Él estaba trabajando en una obra de construcción, cuando un camión con varios hombres se detuvo, lo agarraron y lo echaron dentro del camión y se lo llevaron. Encontraron su cuerpo tres días más tarde, pero como la mayoría de los asesinatos en México, ninguna investigación se lleva a cabo. 

Caminamos una cuadra, a la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, me llevan a la escuela primaria Benito Juárez. Más de 200 estudiantes asistieron en el año 2008. Sólo unos pocos permanecen. Eugenia dice, aquí las familias vienen y van. Los niños llegan a clase por primera vez un día, y al siguiente, ya han cruzado hacia el norte. El Valle es un punto de parada para muchas familias de inmigrantes antes de hacer la última travesía a través del río en busca de la libertad, la seguridad y el confort. Buscan todas las cosas que tenemos y apreciamos. Las cosas por las que luchamos y morimos-aquí-a lo que mi abuelo siempre llamaban "Lo bueno de los Estados Unidos".

Beatrice y yo entramos a la iglesia. La lectura del Evangelio es Marcos 7: 31-37. Jesús escupió en su mano y tocó los oídos de un hombre sordo y mudo, y mandó "Efata!" "Sean abiertos los oídos!" Así el hombre pudo hablar y escuchar. El Padre Ramírez predica que esta es una historia acerca de aprender a confiar y pedir la ayuda de la comunidad—de aprender a orar-Después el invita a los 20 feligreses presentes a quedarse y recibir una sesión de acupuntura de la oreja en grupo. Un nuevo servicio puesto en marcha por la Diócesis para ayudar a las personas afectadas por la violencia. Seis personas se quedan. Sentadas en las primeras bancas frente al altar, Beatrice y la Hermana Eugenia colocan 3 agujas en diferentes puntos en cada uno de sus oídos. Permanecen durante 40 minutos juntos en silencio.

Beatrice y Eugenia fueron unas de las primeras estudiantes de un entrenamiento organizado por el Vicario de la Diócesis, Monseñor René Blanco en el año 2008. Un Sacerdote muy carismático nativo de Juárez con raíces teologías de liberación, él tuvo la visión de la Acupuntura en grupo que se ofrece de forma gratuita por voluntarios de la parroquia, siendo esta una parte de los esfuerzos de la iglesia para promover la paz y la ayuda a personas afectadas por el trauma de la guerra. Uno de los lugares escogidos fue la parroquia de Guadalupe en el Valle. De allí se invitó a la Hermana Eugenia. Ella decidió que asistiría solo si pudiera convencer a una amiga a que también se uniera en este proyecto, una trabajadora laica, Beatrice.

"¿Qué es la acupuntura?" Preguntó Beatrice a la Hermana Eugenia durante ese primer día. La monja respondió: "No sé."

Monseñor René trajo a Agentes pastorales, en su mayoría mujeres, que trabajan con los pobres en colonias marginales lejos de la Diócesis. Algunos de los primeros estudiantes eran trabajadores de maquila. Muchos eran ahora los ex trabajadores de la maquila, después de haber sido despedidos poco antes de alcanzar su edad de jubilación a los 40 años de edad. La mayoría de ellos no eran de Juárez, eran de los estados sureños de Chiapas, Veracruz y Guerrero. Ellos vinieron originalmente en busca de empleo y de un futuro.

Acupunturistas Voluntarios de Portland contribuyeron en hacer posible el entrenamiento para estos trabajadores.

Hoy en día el Sacerdote local envía a la Hermana Eugenia y a Beatrice a proveer tratamientos de Acupuntura y a administrar los sacramentos a los enfermos que no pueden salir de su casa. Beatrice le aplica agujas en la oreja a su vecino de al lado que sufre de dolor severo provocado por el cáncer de pulmón, lo que elimina el dolor durante una o dos horas. La mayoría de los residentes buscan el servicio, por sí mismos, simplemente tocando a la puerta de la tienda. Tal vez estos encuentros les ayudan con los síntomas físicos. O tal vez estos les ayudan con sus necesidades espirituales.

Maquilas y el Futuro
A las 4:30 am 8 autobuses llegarán de la ciudad a la plaza pública de Barriales, y los trabajadores de maquila descenderán de ellos después de haber trabajado el turno de noche. Luego otros residentes en espera en un pequeño refugio, sentados en una banca azul de metal delgado subirá al autobús para transportarse a trabajar el turno de día. A las 4:30 de la tarde, los autobuses regresarán de nuevo a recoger a la tripulación del turno de noche. Si hay algún futuro para los residentes del valle, estos autobuses aumentarán.

Beatrice espera que las empresas multinacionales abrirán nuevas maquilas trayendo asi mas puestos de trabajo. Sin embargo, las tendencias a lo largo de las últimas dos décadas parecen hablar de un futuro aún más siniestro. En los años 90 después del TLCAN causaron que el precio del maíz cayera en picada, pero las ganancias del opio y otras drogas aumento junto con el crecimiento de las empresas multinacionales para abrir maquiladoras a lo largo de la región fronteriza. En su defecto, los agricultores de todo México corrieron hacia Ciudad Juárez. Los dueños de fábricas crearon barrios urbanos para que sus trabajadores pudieran sobrevivir, pero no les pagaban un salario digno. Luego, en el año 2008, la economía estadounidense se estrelló. Las maquilas cerraron, los trabajadores perdieron sus empleos, y la industria de las drogas, el negocio del tráfico de personas y armas de fuego en todo el Valle de Juárez floreció.

Después de decir adiós a la Hermana Eugenia y Beatrice cruce sobre el área en construcción del nuevo cruce fronterizo con casetas con alta tecnología, a pocas cuadras del estrecho puente que divide a Texas de México. Al pasar a través del acero oxidado de 20 pies de altura hacia la puerta a los Estados Unidos. dos hombres vendían DVDs piratas y chicles. Más adelante están algunos estanques de patos pequeños rodeados por cercas de malla que rodean la carretera que conduce hacia la estación de Aduana. Durante la revisión de rutina hecha antes de que yo sea autorizado a entrar a mi país, los agentes de inmigración rompen y destruyen un panel en mi camión en busca de drogas. Ellos no lo reparan, ni siquiera piden disculpas.

A un costo de más de 130 millones de dólares, este puerto de fantasía—patos incluidos—puede que beneficie a los propietarios de las empresas y maquilas que viven en el lado estadounidense. Puede que facilite el venir y hacer negocios. Puede que facilite el sacar ganancias de mano de obra barata. Puede que facilite el tomar ventaja de las políticas y reglas anticuadas sobre los derechos de los trabajadores. O, por lo que recuerdo Beatrice me dice, "tal vez entonces la gente vuelva."

Haciendo el esfuerzo
Debajo de la esperanza y el cinismo, hay todavía más noticias de muerte. Vuelvo a visitar a Beatrice en la Pascua del año 2015, y veo más señales de abandono en el Valle. Ella describe un reciente aumento de violencia desde el mes de Enero.

"Esta fue la primera vez que realmente estuve asustado."

Su vecino desapareció y más tarde fue excavado de un agujero junto a otros cadáveres mutilados. Esta no es la primera fosa clandestina que ha sido excavada. Se han encontrado otras más como está a través del desierto del norte de México, encerrando no solo los cuerpos, los inmigrantes, pero también encerrando su viaje que es detenido súbitamente. Se dice que hay muchas más fosas de muertos no descubiertas, pero lo más preocupante es que hay muchos, muchos mas seres humanos viniendo a Estados Unidos en este momento.

El difunto Charles Bowden, un partidario de nuestro proyecto, escribió: "Sólo existe este hecho: “Ya sea que nosotros encontremos la manera de hacerles su mundo mejor o que ellos lleguen a nuestro mejor mundo"

Los silenciosos, humildes y con frecuencia no reconocidos, los que viven en "su" mundo-sur de nuestras fronteras, esas personas como Beatrice, que hacen su mundo roto mejor día a día. Son Santos en su región. Cada vez que he hablado con Beatrice desde el año 2011, habla sobre el futuro del Valle con un optimismo sin mancha. Esta "más tranquilo ahora." "Las cosas se están calmando." Ella cuenta tres familias que han regresado en los últimos meses, incluso aun con el reciente aumento en la violencia y los asesinatos en el Valle. "Esta es una buena señal, ¿no?"

Beatrice no tiene que quedarse en el Valle de Juárez. Ella tiene la doble nacionalidad. Ella tiene 50 sobrinos y sobrinas, 8 hermanos y hermanas en total. Todos menos una hermana se ha movido al otro lado de la frontera. Ellos le ruegan que deje su casa atrás y se una a ellos en la seguridad que brinda los Estados Unidos... Podría vivir con ellos en Fabens en el momento que ella lo decida.

"Pero ¿cómo podría yo dejar a esta gente aquí sola?"

"Hay que echarle ganas."

Todo lo que queda de la vieja tienda o mini-mart de Beatrice es una antigua cabina de teléfono público polvorienta, desconectada y fuera de servicio. Una capa blanca cubre los viejos anuncios pintados en la pared exterior ocultando la tienda que una vez fue.S ólo el anunciode una compañía telefónica colgando arriba de la puerta divulga al mundo que la gente del pueblo de Barriales solían venir aquí para hacer llamadas telefónicas.

Los vecinos tocan a la puerta de Beatrice. Ella les invita a pasar, coloca tres agujas en sus orejas. Algunos comparten sus historias. Otros simplemente se sientan en silencio mientras ella llena el espacio.

Ella escucha.

Ryan Bemis, MAcOM, DOM trabaja como Acupunturista, Maestro y Organizador de servicios en la comunidad en la región fronteriza entre Estados Unidos y México. Es Fundador de la organización sin fines de lucro 501c3 Encrucijada Comunitaria Apoyando la Salud en Las Cruces, Nuevo México y de Promotores Descalzos escuela de Acupuntura de la comunidad en la Diócesis Católica de Ciudad Juárez.

Beatrice Rodriguezes una agente pastoral de la Diócesis Católica en el Valle de Juárez que proporciona servicios sociales y de salud a los enfermos que no pueden salir de sus casas, en una de las zonas más violentas del mundo. En esta área en el norte de México, el 90 por ciento de la población ha sido muerta o ahuyentada por una catástrofe a los derechos humanos, es un cruce de caminos para el tráfico de personas y de drogas. Aunque Beatrice tiene la opción de irse de ese lugar, ella mantiene su compromiso de servir a las pocas personas que quedan allí.

Translated by Gloria Martinez

This article is also available in English

 

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