¿Cómo puede la Iglesia servir a la comunidad hispana en un mundo que cambia rápidamente?

Durante su última visita a los Estados Unidos, el papa Francisco le recordó a los estadounidenses que es un deber cristiano darle la bienvenida a los inmigrantes y “ofrecerles el calor del amor de Cristo”. Más de un año después, muchos católicos, como el arzobispo José Gómez de Los Angeles, conservan las palabras del papa en sus corazones. Según el arzobispo Gómez, se está dando un “momento latino” en los Estados Unidos. “Para mí, está claro que, en este tiempo de elecciones, es importante ayudar a la comunidad latinoamericana a mostrar su presencia e influencia en los Estados Unidos”, dice el arzobispo.

 

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La población hispana en los Estados Unidos ha estado por mucho tiempo caracterizada por un crecimiento rápido. Según el Pew Hispanic Center, en 1980 los hispanos constituían menos del 7 por ciento de la población estadounidense. Para el año 2014, esta población aumentó a un 55,3 millón o 17 por ciento de la población total. Sin embargo, de acuerdo con los nuevos datos del Pew Research Center, el crecimiento y la expansión de esta población ha desacelerado. Mientras que la inmigración fue el motor principal de este crecimiento durante la década de los 80 y 90, este flujo comenzó a disminuir a mediados de la década del 2000. Entre 2000 y 2014 más de un millón de mexicanos y sus familias dejaron los Estados Unidos para regresar a su país de origen; y mencionan el deterioro de la economía estadounidense como una de sus razones. Durante este mismo período, la tasa de natalidad entre las mujeres hispanas de 15 a 44 años también bajó desde 95 nacimientos anuales por cada 1.000 mujeres a 72,1.

 

A pesar de este descenso en las estadísticas, la comunidad hispana ocupa un puesto vital en la Iglesia católica de los Estados Unidos. Según la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos (U.S.C.C.B.), los hispanos constituyeron un 70 por ciento del crecimiento de la Iglesia en los últimos 50 años. Estudios recientes demuestran que más del 65 por ciento de los hispanos en los Estados Unidos se identifican como católicos. El Center for Applied Research in the Apostolate informa que el índice de retención de los jóvenes hispanos es de 71 por ciento, 10 puntos más alto que el de los no hispanos. Ahora, aunque los hispanos componen cerca del 40 por ciento de los casi 78 millones de católicos en los Estados Unidos, sólo un 25 por ciento de las parroquias católicas ofrecen servicios específicos para ellos. Los hispanos van a seguir siendo una comunidad importante para la Iglesia en los Estados Unidos en los años que vienen. ¿Qué puede hacer la Iglesia para servir mejor a estos grupos?

 

Una recomendación es proveer más recursos financieros a las parroquias que sirven a las comunidades hispanas. Los líderes pastorales en estos ambientes a veces tienen poco dinero. En 2014, un reportaje producido por Hosffman Ospino de Boston College estudió los ministerios hispanos en las parroquias católicas en los Estados Unidos. El 87 por ciento de los que respondieron tenían “un presupuesto anual para trabajar directamente en proyectos para los católicos hispanohablantes”, según el informe del Dr. Ospino. Sin embargo, sólo un 11 por ciento de las parroquias estudiadas tenían un presupuesto anual de más de $ 200.000 para cada proyecto; 16 por ciento tenía menos de $ 10.000.

 

En segundo lugar, la Iglesia puede motivar la inclusión de hispanos en los puestos de liderazgo parroquial. Sólo 10 por ciento de los pastores que sirven a estas comunidades se identifican como hispanos y tan solo 4 por ciento consideran el español como su lengua materna. Idealmente, los líderes pastorales hispanos deberían poseer las capacidades lingüísticas de sus feligreses y comprender sus culturas. En tercer lugar, la Iglesia puede trabajar para acercarse más a los jóvenes hispanos. Según el National Gang Center, 46,2 por ciento de los miembros de gangas en los Estados Unidos en las grandes ciudades eran, en 2011, hispanos y, en su mayoría, menores de edad. Sin embargo, sólo 4 por ciento de las parroquias que sirven a comunidades hispanas tenían programas desarrollados para acercarse a los jóvenes involucrados en gangas y ayudarlos. Esta cifra podría aumentarse si se hace un mejor esfuerzo para contratar más maestros hispanos.

 

Por último, la Iglesia católica puede ayudar a estas comunidades a integrarse sin perder el sentido de sus identidades culturales. Para muchos hispanos, la asimilación conlleva muchas veces la pérdida de su fe y de sus tradiciones. El arzobispo Gómez describe esto como un gran reto para la Iglesia “ya que la cultura estadounidense tradicional hace difícil que uno no olvide de donde viene: ella asimila a la gente en vez de integrarla”. La Iglesia puede proveer una manera para que estas comunidades retengan sus identidades y culturas en una tierra extranjera. Siguiendo el modelo del arzobispo Gómez, los líderes católicos pueden ayudar al resto de la comunidad estadounidense a mejor entender sus raíces profundas en la cultura latina que existe en los Estados Unidos desde hace siglos.

 

Durante su visita papal, el papa urgió a la Iglesia a que no olvide a los peregrinos en busca de una mejor vida en los Estados Unidos, muchos de los cuales poseen un inmenso sentido de comunidad y de familia, junto con una gran fe, que enriquece a nuestra nación. Como cristianos, no debemos “tener miedo de darles la bienvenida”y apoyarlos en esta nueva tierra.

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