Una Iglesia a la escucha

El Espíritu Santo no sólo asiste a los cardenales cuando van a elegir a un nuevo papa, sino que alienta también en las esperanzas y en los anhelos de todo el pueblo de Dios. La Iglesia está llamada a estar siempre muy atenta al Espíritu que late tanto en la jerarquía como entre los laicos. Está llamada a ser, al propio tiempo, ecclesia docens (una Iglesia que enseña y habla) y ecclesia discens (una Iglesia que escucha y aprende). ¿A qué colectivos debería escuchar el próximo papa con especial antención?

A los pobres. La Iglesia católica es una de las instituciones más comprometidas en este terreno. En el Vaticano se oye “el grito de los pobres” y este compromiso viene directamente de la invitación de Jesús a cuidar de “estos más pequeños” (Mt 25, 40). Sin embargo, conviene repetir y recordar esta invitación, porque sobre los pobres siempre pesa el riesgo de ser olvidados, puesto que no tienen acceso a las estructuras de poder. La Iglesia siempre tendría que preguntarse: ¿qué más podemos hacer por los pobres?

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A las víctimas de abusos sexuales. Los encuentros históricos del papa Benedicto XVI con las víctimas de abusos sexuales acabaron radicalmente con algunos rumores lamentables de que el escándalo fuese un simple montaje de los medios para desprestigiar a la Iglesia  y a los que no debíamos hacer caso. Escuchar las desgarradoras historias de las víctimas que han sufrido abusos a manos de algunos miembros del clero, aunque pueda resultar doloroso para la jerarquía, es parte esencial del ejercicio de sanación que deberá realizar el nuevo papa.

A las mujeres. El magisterio de la Iglesia parece claro: la Iglesia no tiene autoridad ninguna para la ordenación sacerdotal de mujeres. Eso significa que, en la práctica, las mujeres van a quedar excluídas de la toma de decisiones en los puestos de mayor responsabilidad. ¿Estimará el papa conveniente colocarlas al frente de algunas congregaciones y dicasterios, una misión para la que no se requiere estar ordenado? Y, en caso contrario ¿puede el papa establecer mecanismos que garanticen que la Iglesia va a poder contar con la inspiración y el consejo de las mujeres católicas?

A los gais y lesbianas. De nuevo, el magisterio actual de la Iglesia es claro en su postura sobre las prácticas y las uniones homosexuales: las primeras estarían prohibidas y las segundas resultarían inaceptables. Pero la Iglesia nos invita a tratar a nuestros hermanos y hermanas con “respeto, compasión y sensibilidad”. Un signo de respeto es escuchar. Roguemos por un papa que fuese capaz de decir: “tras escuchar las vivencias de nuestros hermanos y hermanas homosexuales…”

A los teólogos. Desde los tiempos de los Padres de la Iglesia, los teólogos han permitido a la institución eclesial construir todo un cuerpo de pensamiento. Por eso, la tarea de un teólogo no puede ser simplemente repetir lo que ya está dicho en el catecismo, sino pensar creativamente sobre las nuevas cuestiones teológicas. ¿Sabrá la Iglesia escuchar de un modo más atento y más abierto a esos teólogos comprometidos con los territorios de frontera? Como dijo Jesús, “el que tenga oídos para oír, que oiga”.

¿Dios y la patria?

El secretario de Defensa Leon Panetta anunció que se va a crear una nueva medalla para los pilotos de los drones, aviones controlados desde miles de kilómetros de distancia respecto a las zonas de combate: la Medalla al Mérito de Guerra. La iniciativa parece poco apropiada.

Y es que la propuesta ha surgido precisamente cuando el uso de los drones está sometido a intenso debate en el Congreso y en la prensa. La Oficina de Periodismo de Investigación calcula que, desde 2004, son ya casi 3.000 los muertos en el curso de los 350 ataques de drones en Pakistán, de las que entre 430 y 800 son civiles, incluyendo unos 200 niños. De hecho, sólo un porcentaje insignificante de los asesinados eran líderes enemigos. De entre los pakistaníes conocedores de estas incursiones, el 97 por ciento se muestra contrario y piensan que la sola visión de los miembros ensangrentados suscita sentimientos de venganza.

Los partidarios de la medalla sostienen que las guerras del futuro se van a dirimir tras una distancia de seguridad y que las medallas son un modo de reconocer que los galardonados, que sí sufren el estrés propio del combate, se han implicado en conflictos de riesgo. Los críticos, en cambio, dicen que ya existe una amplia lista de condecoraciones a las que se puede acudir, sin necesidad de añadir una nueva.

La valentía del perdón

En una Cuaresma en la que no ha faltado la difusión mediática de los pecados de personajes católicos prominentes, no es extraño sentirse un poco descorazonado. Y precisamente ahora, reflexionar sobre estos acontecimientos en este tiempo de oración y de arrepentimiento, resulta particularmente apropiado. Tenemos derecho a llamar a nuestros responsables religiosos a la responsabilidad, a la transparencia y al arrepentimiento, pero cada católico, individualmente, no puede olvidar que está llamado también a la responsabilidad y al perdón. Los que nos sentamos en los bancos también somos la Iglesia y cuando permitimos que la gracia nos transforme por dentro, estamos participando ya en el proceso de sanar y restaurar la Iglesia.

Tenemos que hacer de nuestra vida un ejemplo de misericordia, no sólo ofreciendo perdón a quienes nos han hecho daño, sino también buscando, a nuestra vez, ser perdonados. El papa Juan Pablo II decía que la confesión era “un acto de honradez y valentía, un acto de entrega de nosotros mismos, más allá del pecado, a la misericordia de un Dios que ama y perdona.” Y dijo también que “el sacramento de la penitencia es fuente inconmensurable de una auténtica y ferviente renovación para toda la Iglesia católica”. Examinemos, pues, nuestras vidas a la luz de la cuaresma, pidamos perdón y trabajemos juntos en favor de una Iglesia más genuina y más valiente.

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